La fórmula por la que apuesta el capitalismo no sólo se queda corta, sino que da señales de fatiga, decadencia y aun de ineficacia y perversidad.
El capitalismo ha sido el motor de la civilización moderna o industrial y sus fuegos artificiales, luces y luminarias los impresionantes avances tecnoeconómicos y el bienestar y confort que ofrecen.
El maravilloso mundo que se avecinaba para la humanidad a inicios del siglo XX, mediante la innovadora combinación de capital, petróleo y tecnología, se vio, sin embargo, casi de inmediato interrumpido por su sentido inverso.
El capitalismo entraba de lleno como la única opción de una civilización tecnocrática y materialista basada en el individualismo, la competencia, la corporación, el confort, el consumismo y una necia necesidad de dominar y explotar la naturaleza.
Los enormes aparatos creadores de ideología que bombardean día y noche las mentes humanas por todos los rincones del planeta se están volviendo disfuncionales.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/12/opinion/016a1pol
