Las primeras pruebas que demuestran que Pinochet ordenó el asesinato y que EE UU lo sabía no se hicieron públicas hasta hace un año.
Se cree que forma parte de la remesa que EE UU tiene todavía que revelar.
Así que cuando su asistente Juan Gabriel Valdés recibió una llamada sobre un incidente con su coche, este último, hoy embajador chileno en Washington, pensó que había sufrido un accidente.
La verdad —un comando enviado desde Chile había puesto una bomba en su coche, que estalló en pleno centro de Washington, matando a Letelier y a Moffit— resultaba casi inconcebible.
“Todos, uno por uno, les dijimos que claramente [el autor del crimen] era Augusto Pinochet”, recuerda Francisco, hoy un artista afincado en California, cuatro décadas después.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/20/estados_unidos/1474406135_394649.html
