Como muestra de este fin de los poderes, véase el Congreso estadounidense dominado por el Tea Party que, en lugar de crear o imponer leyes, lo único que hace es desacreditar y vulgarizar la figura presidencial.
El fin de los modelos ha generado que las sociedades estén colgadas del vacío y que lo único que exista es la posibilidad de adivinar los sentimientos inmediatos.
No me refiero a Montesquieu, tan citado para explicar que el equilibrio de las democracias está basado en la separación de los poderes, sino a que, una vez perdida la autoridad moral, la funcionalidad y la actualización de las leyes, los mandatarios funcionan a golpe de intuición.
Vivimos una paradoja en la que se busca el poder justo cuando este ha desaparecido.
Sin embargo, el problema de estructurar un plan de gobierno es saber lo que de verdad quieren los países.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/02/21/america/1456083088_046697.html
