Ha despedido a las mayores escuelas de pensamiento y ha conseguido convencer a su pueblo de que los demás ya somos el mundo perdido.
Porque en el viejo mundo previsible de las encuestas, que últimamente siempre se equivocan, Trump no podía ganar.
¿Dónde estaba el mundo cuando Trump iba ganando Estado tras Estado, minuto a minuto?
Nos empeñamos una y otra vez en que el mundo sea diferente, pero una y otra vez terminamos golpeándonos con la realidad.
Y ahora, para el resto del mundo, el problema será saber en qué lenguaje hay que hablar con él y qué entiende por hacer una política correcta.
Fuente original: El mundo perdido | Internacional | EL PAÍS
