La solución sensata es tan fácil que causa rubor que aún se discuta: el que venga con exigencias, que no venga.
¿Qué hacemos?, se preguntaron los franceses; porque aquí son inconcebibles una cena o almuerzo en los que no se ofrezca vino a los comensales.
Démosle una merienda, en la que nos podemos arreglar con té, café y refrescos sin que nadie ponga el grito en el cielo.
No hace falta recordar que el objetivo primordial de ambas visitas eran negocios, tras el levantamiento de las sanciones al régimen ayatólico.
Es el reflejo de un mundo imbécil que hace sólo lo que encuentra útil y conveniente en cada momento.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/16/eps/1455626831_645977.html
