Lamenté que no estuviera ahí en Tlaxcala en lugar de en esa maldita Bélgica que él quería como yo, pero que ya hace años nos parecía tan decadente.
En su lugar vino un soplo de emoción más habitual en la muerte mexicana que en la de Europa: la frustración.
Lamenté que Gilles no estuviera ahí en Tlaxcala en lugar de en esa maldita Bélgica que él quería como yo, pero que ya hace años nos parecía tan decadenteDías antes, la jornada del quebranto, comentábamos los atentados.
Soy cineasta, pero soy amigo de Gilles, y al fin y al cabo, ciudadano de donde sea.
Y no compensan, ante todo, la voluntad que se requiere para actuar con humildad y decidirse a cambiar el paradigma para fundar un nuevo ideal más alto y luminoso.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/04/15/actualidad/1460676591_499759.html
