Imagen de archivo del 26 de enero de 1988 del violinista de jazz francés Stephane Grappelli (Izquierda) con Yehudi Menuhin.
El motivo no es otro que Menuhin fue mucho más que un gran violinista o, en sus últimos años, un inspirado —aunque con muy evidentes limitaciones— director de orquesta.
Pero ninguno de ellos alcanzó la fama, disfrutó del predicamento o conquistó un prestigio lejanamente comparables a los de Yehudi Menuhin, y las razones no pueden buscarse solo en el ámbito estrictamente musical.
En una vida tan plena, lo que más impresiona casi de Menuhin es su capacidad para sobrevolar sus limitaciones.
96 de Beethoven) y, claro, Enescu, siempre Enescu.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/04/22/babelia/1461318885_335882.html
