Al mismo tiempo, Trump es un espejo deformado e hiperbólico de la visceralidad de los republicanos durante los años de Obama.
Obama debía unir Estados Unidos, pero, cuando abandone la Casa Blanca en enero, dejará un país polarizado política y racialmente.
Hasta hace unas semanas la posibilidad de que Trump sucediese a Obama era descabellada; hoy sigue siendo remota, pero ya no es inverosímil.
Hace ocho años, Estados Unidos estaba a punto de elegir a su primer presidente negro.
Trump —el anti-Obama: no sólo por sus ideas políticas, sino por su personalidad— es la expresión última del malestar.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/02/24/actualidad/1456348616_268166.html
