Raro, curioso o malo; dicho o callado, lo que llama la atención de por lo menos su actuación, discurso, actitud y presencia durante el desastroso debate que no pudo sostener con Hillary Clinton es el ramillete de raras conclusiones que proyecta sobre el espejo empañado del mundo entero.
Wait a minute!
Lo verdaderamente preocupante e incluso triste es que haya millones de personas –gringos o no, norteamericanos o no—que al mirarse al espejo se saben misóginos, intolerantes, racistas, fascistas, mentirosos, rateros, evasores, simuladores, ignorantes, abusivos, elusivos, intolerantes, burladores y burlones… dignos personajes de teleserie, dignos voluntarios en el concierto municipal de sus respectivas biografías y ahora, dignos candidatos en potencia de ese irracional Reality Show que ha venido produciendo para espanto de la humanidad un ente tan extraño, que parece familiar.
Es el nivel superior –magna cum laude—de los que plagian un texto y luego dicen que en realidad se trata no más que de un olvido circunstancial por ponerle comillas a la palabra ajena o, peor aún, asegurar que plagiar es una forma de citar al cuadrado o al cubo.
Es más, no llama la atención que –a toro pasado—aluda a que no funcionaba bien el micrófono, que las preguntas estaban acordadas previamente en su contra y tampoco llama la atención que sea un perfecto imbécil recontraconfirmado, un analfabeta total en materia de geografía o matemáticas básicas, que cuando siente que naufraga recurre a hermosos y bellísimos adjetivos para enredar el tema de fondo, desdecir, mentir, engañar y seguir con la labia suelta.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/28/america/1475088636_613561.html
