Quien lea la trayectoria del siglo pasado desde las perspectivas de la multiplicidad de esa historia no se equivoca.
Desde los años 80 los procesos de globalización empezaron a erosionar ese centro del imaginario político en múltiples formas.
En sus inicios era imposible entrever cuál sería el camino que adoptaría.
La disolución de los imperios del siglo XVIII trajo consigo ese peculiar matrimonio entre el Estado y la nación que cautivaría la imaginación, el consenso y a las fuerzas identitarias durante más de dos siglos.
Incluso la guerra fría, que fue una cruzada de orden ideológico, encontró en la rivalidad entre dos naciones –Estados Unidos y la extinta Unión Soviética– su expresión material.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/10/opinion/016a1pol
