La consecución en las primarias demócratas del número necesario de delegados ha dado a Hillary Clinton la nominación para aspirar a la presidencia de EE UU.
Porque Clinton ha ganado la candidatura, pero aún le queda la batalla más importante: la Casa Blanca.
Pero hace bien Clinton en no minusvalorar las opciones del multimillonario.
Ha querido el destino, y los votos de los simpatizantes del Partido Republicano, que su rival en las elecciones de noviembre sea la antítesis de los valores y la visión de EE UU y el mundo que Clinton representa.
La misoginia, la insolidaridad, el aislacionismo y la arrogancia en política exterior son los principios que no ya defiende, sino de los que presume Donald Trump.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/08/opinion/1465408113_897714.html
