La comida, lo más material que hay, lo más íntimo, ha entrado en la lógica del espectáculo o de la masturbación.
Lo cierto es que el discurso sobre la comida está, por estas partes, por todas partes.
Aquí se fabrican los Ferraris, Lamborghinis, Masseratis; aquí detrás está la casa donde vivió don Enzo; justo al costado, la de Luciano Pavarotti.
La culpa, si hay culpa, pasa tanto mejor con aceite de trufas.
Llovía sobre los Jardines Ducales de Módena; caía la noche y cientos de personas aguantaban el agua sin ahogarse.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/02/eps/1443797215_393632.html
