A Unamuno lo desarboló tanto que le hizo resucitar al viejo energúmeno que había sido desde su juventud.
Los desarboló a todos el golpe militar fracasado de julio del 36, pero no los desarboló de la misma manera.
Pero de haberlo aprendido, decidió que el 12 de octubre de 1936 era el peor día para callar contra el grito «¡Muera la inteligencia!”.
Evitaron la paliza matonil pero no sortearon una nueva destitución, ahora por parte de Franco, de todos sus cargos.
Por eso dijo no, antes que Albert Camus, y cuando demasiados mantuvieron un silencio atronador.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/04/22/actualidad/1461342061_606000.html
