#JaimeGUERRERO
Cerca de las tres de la tarde, los contingentes comenzaron a congregarse en la Fuente de las Ocho Regiones, sobre la Calzada Porfirio Díaz.
La movilización, convocada por colectivas feministas, reunió a cientos de mujeres que portaban pañuelos morados y verdes, colores distintivos de la lucha por la defensa de los derechos de las mujeres.
Cargaban consignas pintadas en cartulinas y mantas con nombres de víctimas, exigencias de justicia y casos que llevan años sin respuesta.
Entre las asistentes destacó la presencia de la presidenta de la Mesa Directiva del Congreso del Estado, Eva Diego Cruz, quien grabó y editó videos para subirlo a sus redes sociales.
La marcha de las colectivas se desmarcó desde su concepción de la carrera conmemorativa convocada ese mismo día por el gobierno estatal, en la que participaron empleadas de la administración pública.
Dos formas de conmemorar la fecha: una institucional, ordenada y acotada a los márgenes del protocolo oficial; otra en las calles, con el peso de la indignación y la memoria de las muertas con acciones radicales.
La columna avanzó hacia el Centro Histórico. A una hora de la partida, frente al parque El Llano, el bloque negro arrasó con las láminas que cubrían la sede de la Secretaría de Turismo.

Pasos atrás ya habían destruido otros inmuebles y comercios sobre la Calzada Porfirio Díaz.
En la esquina de Juárez y Morelos, una tienda Oxxo fue saqueada y vandalizada; la papelería de su interior terminó esparcida sobre el asfalto.

Detrás del bloque negro avanzaba otro grupo, igualmente silencioso aunque de propósito opuesto: cinco trabajadoras del ayuntamiento con escobas y bolsas que recogían los residuos y limpiaban los espacios que iban quedando tras el paso de la marcha.

Poco antes de las cinco de la tarde, los grupos de vanguardia ingresaron por la calle Morelos. Ahí se dividieron: unas tomaron posición en el cruce con García Vigil para cubrir el vandalismo en la sucursal de Banorte, a cuya puerta prendieron fuego. Elementos del Cuerpo de Bomberos lograron sofocarlo de inmediato.
Mientras tanto, el grueso del contingente pacífico continuaba su avance hacia el Zócalo con el clamor acumulado de casos sin respuesta.
Pero la acción más prolongada ocurrió en la sucursal Santander, en la esquina de Independencia y García Vigil. Las maderas de los accesos ardieron mientras un grupo coreaba “¡No somos una, no somos cien, pinche gobierno, cuéntanos bien!” y “¡Somos malas, pero podemos ser peores!”.
Los bomberos intentaron sofocar el incendio con extinguidores, sin éxito, y recibieron burlas.

La preocupación de las autoridades escaló cuando se supo que en el interior había una mujer de guardia de seguridad a quien otras manifestantes impedían salir.
Los bomberos acercaron un carro-bomba, pero las manifestantes se lo impidieron. Minutos después lograron controlar el fuego, sofocar las llamas y rescatar a la guardia.
Apenas se resolvía esa crisis cuando frente al Palacio de Gobierno la situación crecía. Enojo, gritos, patadas, bombas molotov, botellas, maderas contra las vallas y el inmueble.

Las láminas que habían sido colocadas para resistir, terminaron cediendo. Fue cerca de las siete de la noche cuando ingresaron los elementos antimotines.
A golpes de macana en los escudos y gritos de advertencia lograron replegar a las manifestantes más aguerridas del bloque negro.
Vinieron los empujones, los reclamos y un sillazo lanzado por las mujeres que impactó al reportero Arturo Pérez, de La Jornada.
La policía “apretó” y tomó más terreno. Siguió la corretiza.

En García Vigil y Manuel Bravo los agentes lograron la detención de dos mujeres y un hombre que oponían resistencia entre gritos. Ya no había quien les defendiera.
Así culminó, alrededor de las ocho de la noche, el 8M en Oaxaca: con las consignas todavía visibles sobre las puertas del Palacio, las vallas tiradas en el piso, un reportero golpeado y tres personas detenidas.
Y con las mismas preguntas sin respuesta que abrieron el día: ¿dónde están las desaparecidas?, ¿cuántas más?, ni una más y ni una menos.
Durante 2025, en Oaxaca fueron privadas de la vida 89 mujeres, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

De esas muertes, solo 16 fueron clasificadas como feminicidios; el resto se catalogó como homicidio doloso.
El Grupo de Estudios sobre la Mujer Rosario Castellanos (GES Mujer), que lleva su propio monitoreo hemerográfico, contabiliza más.
Según esa organización, en 2025 se registraron 85 feminicidios en Oaxaca, y en lo que va de 2026 ya suman seis casos.
GES Mujer señala que en el 87 por ciento de los casos de 2025 se desconoce al agresor o agresores, lo que limita el acceso a la justicia y la verdad para las mujeres y sus familias.
