Si me dices que nunca has visto el programa llamado Mujeres y Hombres y Viceversa, te diré que te envidio pero en el fondo no te creo.
Los chicos las observan repantigados en sus sillas con expresiones indescifrables bajo unas cejas tan depiladas que ya no parecen humanas.
Si alguna vez alguien te invita a tener una, ya sabes que quiere tema.
Las chicas a veces desfilan al ritmo de palmas, como tambores tribales, arriesgando su vida sobre tacones imposibles.
Y en lo alto de una escalera, una presentadora omnipotente, como un dios-rey malvado en la cúspide de una pirámide maya.
Fuente: http://verne.elpais.com/verne/2014/10/31/articulo/1414738794_000088.html
