La leche debe saber a leche: ni ácida ni amarga.
Ocurre, por ejemplo, con productos tan habituales en la cesta de la compra como los huevos, la leche o los zumos.
La leche es sometida a temperaturas suaves que mantienen las características nutricionales y sensoriales de la mayoría de las sustancias.
Las autoridades españolas han trabajado en los últimos años para exigir más claridad en el etiquetado de los alimentos.
La leche es sometida a temperaturas elevadas de entre 128 y 150 grados, con ligeras variaciones en sus condiciones nutritivas.
Fuente: http://elpais.com/economia/2016/03/24/actualidad/1458815046_343810.html