Hay que olvidarse del Kanye público, del que nos ha producido al hartazgo con sus excentricidades, con su entrada en el clan Kardashian y con sus irritantes tuits.
Kanye West es Dios, o eso piensa él mismo, o quizá esa es simplemente la temática de su Saint Pablo Tour, que ayer por la noche hizo su segundo milagro en el Madison Square Garden de Nueva York.
En su sacralización del hip hop no hay iconografía religiosa irreverente.
Se intuye sobre la plataforma y así, entre penumbras y difuminado, se pasará durante la gran parte del concierto.
Parece que ha despertado en un futuro distópico, donde un señor lanza arengas desde su Kanye-móvil y las masas enloquecen.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/09/07/actualidad/1473238356_008685.html
