En ese momento, un resplandor nuclear emanó del atolón Bikini, en el océano Pacífico.
Su ilusión de tener en las manos billetes de 10.000 yenes se hizo realidad.
Yoko, madre de Erika, vio la luz dos años y un día después de que la bomba estallara en Nagasaki.
En marzo de ese año, el Parlamento de Japón aprobó un presupuesto de 235 millones de yenes para desarrollar energía nuclear.
Desde hacía tiempo que el príncipe Shotoku había sido sustituido en los billetes de 10.000 por el escritor, filósofo y político Fukuzawa Yukichi.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/07/22/mexico/1469223505_512929.html
