Vale la pena explorar otras posibilidades para proponer desde las pasiones razonadas una forma más constructiva de relacionarnos como personas.
El electorado se deja arrastrar por su más «bajas pasiones» (el miedo, el resentimiento, el odio) y termina endosando lo peor.
Los primeros estudiosos de la comunicación de masas (Le Bon, Freud, Ortega y Gasset) advirtieron de los peligros de la persuasión por la vía de las pasiones.
El avance de los populismos nacionalistas con tintes fascistas y comunistas ha puesto en el centro del debate público el papel de las emociones en política.
Es cierto que las malas pasiones se propagan rápido y pueden tener consecuencias devastadoras, pero no es menos cierto que es posible contagiarse de pasiones positivas: la empatía, la indignación ante la injusticia, la compasión.
Fuente original: La carnada luminosa de las pasiones | Internacional | EL PAÍS
