Estos pensamientos traducidos se convierten en movimientos reales gracias a un manguito de 130 electrodos en el antebrazo derecho del joven.
Collazos trabaja precisamente en la búsqueda de nuevos materiales que permitan el funcionamiento de los electrodos durante años dentro del cerebro.
Collazos subraya que el chico tetrapléjico acudió tres veces por semana durante 15 meses a sesiones de entrenamiento con el sistema.
Ahora el chico es capaz de coger una botella, llenar un vaso y remover su contenido con una cucharilla.
El objetivo de los investigadores es que el dispositivo, en fase experimental y todavía muy aparatoso, funcione sin cables en el futuro lejano, conectando los pensamientos con los músculos.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/04/13/ciencia/1460561194_482369.html
