Esa es la única respuesta posible para el decreto 588 que hace cuarenta años autorizó el asesinato en Washington de Orlando Letelier.
Orlando Letelier no alcanzaría jamás a ver ese texto.
Habíamos trabajado por más de dos horas en la columna en la que Orlando Letelier debía rechazar la pretensión de Pinochet de privarlo de su nacionalidad cuando sonó el teléfono de mi casa.
Ni el golpe militar chileno, ni el primer atentado terrorista ocurrido en Washington son solo asuntos internos de los chilenos.
Acordamos que estaría a las 9.30 en el Instituto donde compartíamos una oficina con el artículo en la mano.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/09/21/opinion/1474452444_557413.html
