Se reconoce a la lengua francesa por su claridad y precisión, y hubo una época en que se impuso como la lengua de los intercambios internacionales y diplomáticos del mundo occidental.
Hoy, la cuestión es el objeto de una polémica que se transforma día tras día en un asunto nacional.
Quizás una de sus dificultades principales es su ortografía.
Para justificar esta reforma, la ministra se apoyó en una vieja decisión de la Academia francesa, la cual admitió esta posibilidad en 1960.
Hélène Carrère d’Encausse negó de inmediato cualquier responsabilidad de la Academia en este nueva reforma que, por su parte, ella desaprueba por completo.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/17/opinion/a04a1cul
