-Escúchenme, me llamo Fátima, nacida en Taraba, un pequeño pueblo a unos 100 kilómetros al sur de Damasco, la capital de Siria.
Sólo les digo que toda mi familia murió.
Al poco de llegar, en el 2011, estalló una revuelta que dicen que fue el inicio de la guerra.
Los cubrió con más tierra mezclada con restos de harinas de sus comidas que después, con sus propio lloro, apelmazó.
“Después de cuatro años de sequías, nuestras tierras dejaron de parir y nuestro ganado murió, así que toda la familia tuvimos que partir hacia la ciudad de Daraa, en la ruta que lleva al mar.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/26/opinion/018a1pol
