El remate de Pepe, que no fue un mal remate, se debió a que tuvo unas décimas de segundo para pensar.
La miró con la mirada que Pepe reserva para las grandes ocasiones, aquellas en las que olvida el diván, mientras Hart salía a por ella como un Cristo resignado.
El suelo al que debió apuntar Pepe en su balón de plata, cuando quiso arrancarle el corazón al City en lugar de dispararle a los pies.
Le pegó como se supone que debía pegarle Pepe, con el alma entera, la suya y parte de la de Sergio Ramos.
Sensación extraña porque Casemiro remató un córner con la visera y la sacó con el pie Lorenzo Rico en un cabezazo al suelo.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/04/26/champions/1461700585_561201.html
