Al actual presidente chino, Xi Jinping, se le ha atribuido la ambición de convertirse en un nuevo Mao.
Y Xi Jinping sabe que cierto nivel de maoísmo, siquiera cosmético, es indispensable para evitar la desafección de una base partidaria que, en un porcentaje estimable, aún comulga con su doctrina.
El maoísmo resulta de gran valor y utilidad para el rearme ideológico y la depuración del partido que pretende Xi.
Aunque buena parte de la sociedad china vive ya muy alejada de Mao, su figura sigue formando parte del imaginario del Partido Comunista.
El aserto más importante de Xi en este aspecto es la afirmación de un hilo de continuidad entre el maoísmo y la reforma.
Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/09/actualidad/1473410740_610397.html
