Y qué mejor escenario que Montecarlo, terreno conquistado en ocho ocasiones por el de Manacor, para calibrar su realidad actual.
A estas alturas, no hay mejor vitamina para Rafael Nadal que su reencuentro con la tierra, supeficie que domina como nadie en el circuito.
Entonces, hubo otro partido, y entonces sí, se pudo corroborar que Nadal camina con paso firme en su preparación sobre la tierra.
La arcilla es el mejor baremo para él y a priori también era Wawrinka otro termómetro idóneo para determinar la realidad actual del español.
Si supera al escocés (6-2 y 6-0 a Milos Raonic), la opción de volver a elevar un trofeo de prestigio estará otra vez ahí.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/04/15/actualidad/1460714937_625623.html
