La verdad y la mentira se comparten y acompañan la vida de los seres humanos de su infancia hasta su muerte.
Acaso los escritores no escriben libros sino con la esperanza de alcanzar al menos una parte de esta verdad que parece a veces inalcanzable.
No sólo videntes, quirománticos, adivinos y pretendidos profetas recurren a la mentira disfrazada bajo los ropajes de la invención.
Los políticos prometen a sus posibles electores, como los enamorados a la amada, el cielo, la luna y las estrellas.
¿O, más sincero aún: un candidato que, en un acceso suicida de franqueza, declarara que busca los privilegios del poder para enriquecerse personalmente?
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/25/opinion/a04a1cul
