Gracias a esta diversidad, conviven actores y galanes y, en función de la escena, la serie pasa del cine a la telenovela.
Es decir, los galanes y los actores de cine son especies diferentes.
La paradoja que se produce en Narcos es que las escenas entre sicarios están magníficamente actuadas, mientras que las altas reuniones entre capos o políticos son increíblemente telenovelescas.
En la industria iberoamericana, los actores mejor parecidos tienden a ser encasillados como galanes, mientras aquellos que no dan el listón a menudo son condenados a papeles de sicarios, narcos, bandidos o sirvientes.
En el teatro, los actores son los responsables de transmitir la mayoría de la información.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/09/16/actualidad/1473982484_327870.html
