Programar el vídeo requería de años y años de intentarlo y fallar.
Así que, al final, o se rompían o se quedaban enganchadas en el reproductor (lo cual era un marrón importante).
Por no hablar de cuando te sentabas para disfrutar de la peli y la cinta estaba sin rebobinar.
Y luego llegaba ese momento en el que, de haberla visto muchas veces, se desgastaba, perdía el color y la imagen se iba de vez en cuando.
Así que acababábamos grabándola en directo.
Fuente: http://verne.elpais.com/verne/2016/03/29/articulo/1459249912_323408.html
