Confieso haber sido de este último bando falsamente conservador, porque los verdaderos conservadores querían volver un par de siglos atrás.
Se acabaron los humos de chimeneas y los baños públicos, de los que sólo quedaron algunos hamman, emblemáticos de la hermosa cultura musulmana.
Por el otro, un medallón de filete de res con salsa bearnaise, papas infladas y un manojo de berros frescos, que comí en Fontainebleau.
Otras novedades fueron el cambio de energía del parque vehicular público de superficie, de combustión a eléctrico.
Siempre los comprendí porque también era mi deseo y pude cumplirlo durante 30 años.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/20/opinion/a03o1cul
