El jurado del Nobel llama la atención sobre la “contribución decisiva” de las cuatro asociaciones a la democracia pluralista en la que se ha convertido Túnez.
Túnez es un ejemplo de que la democracia no puede crecer y desarrollarse al margen de la sociedad.
No cabe sino felicitarse porque el comité que otorga el Premio Nobel de la Paz haya galardonado ayer a un país que, venciendo los augurios más oscuros y bajo el fuego de crueles agresiones, está demostrando que es posible vivir en democracia y libertad cuando hay voluntad de diálogo y espacio para expresar las propias ideas.
Este premio, por tanto, no debe interpretarse como la recompensa a un proceso culminado: es un reconocimiento —un respaldo— a una sociedad que hace casi seis años inició el camino hacia la democracia y a la que no hay que abandonar en sus aspiraciones.
El todo para el pueblo pero sin el pueblo ha fracasado una y otra vez a lo largo de la Historia y el país norteafricano demuestra que es justamente el camino contrario —nada sin el pueblo— lo que garantiza la libertad e igualdad de los ciudadanos.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/09/opinion/1444412662_620218.html
