Sócrates continúa su labor peripatética en calles que desafían el sentido de la orientación y donde la filosofía es un remedio.
Cuando Sócrates bebió la cicuta, Grecia aceptó deshacerse de una de sus mejores mentes.
Mientras la “racionalización” de la enseñanza elimina el pensamiento libre en diversas partes del mundo, los libros de metafísica se buscan como versiones encuadernadas del Santo Grial en la Ciudad de México.
Nuestra época no pretende matar a Sócrates sino jubilarlo.
En uno de ellos, un estoico me dijo: “Ni lo intente, joven, la filosofía es demasiado popular”.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/09/opinion/1444401955_949330.html
