Su máxima es no dejar gobernar a gobierno democrático alguno.
En 2012, el derrocamiento del presidente Fernando Lugo, en Paraguay, da la bienvenida a los golpes consensuados entre los poderes del Estado.
Los llamados golpes de guante blanco se compatibilizan con las armas de la guerra sicológica, comunicacional y las acciones desestabilizadoras en el orden económico, político e internacional.
El golpe cívico-militar contra el presidente de Honduras, Manuel Zelaya (2009), se convierte en un punto de inflexión.
Ambos textos cobraron protagonismo editorial gracias a una publicidad y fondos destinados a potenciar la guerra sicológica contra el enemigo interno.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/21/opinion/016a2pol
