Sin embargo, es bien sabido que la situación económica de un país incide fuertemente en los resultados electorales, por lo que una alta volatilidad económica se traduce directamente en una alta volatilidad política.
En resumen, imagine que Brasil no estuviese sufriendo una profunda crisis económica y política.
A diferencia de la moción de censura o el voto de desconfianza -instituciones típicas del parlamentarismo- el impeachment en Brasil es un procedimiento jurídico, no político.
No anda bien porque a Dilma no se la destituyó por su pésima gestión económica.
Tampoco se la destituyó por haber sido encontrada culpable de corrupción, enriquecimiento ilícito u obstrucción de la justicia en el caso Petrobras.
Fuente original: ‘Parlamentarismo’ disfrazado | Internacional | EL PAÍS
