No hace falta esperar a que se produzcan despliegues policiales y registros espectaculares para considerar con cuidado cuáles son las personas que merecen la confianza de un partido político serio.
Por eso es inquietante la cantidad de casos acumulados por las organizaciones políticas que han tenido responsabilidades de poder, y entre ellas, destacadamente, el Partido Popular.
La corrupción no es un mal menor, sino una amenaza seria contra la existencia misma del sistema democrático.
Un chabacano no tiene por qué ser un presunto corrupto; pero si se unen las dos condiciones, cabe preguntarse qué había visto en él la dirección del Partido Popular como para impulsarle a correr tantas carreras con sus colores.
La cuestión es el porqué de tomar la iniciativa interna siempre a remolque de las investigaciones judiciales.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/04/13/opinion/1460572205_363773.html
