Los refugiados sirios que han huido del avance del Estado Islámico han encontrado ahora un hogar entre estas mazmorras.
Sadam Husein utilizó este monstruo de concreto como prisión para los combatientes persas.
La carretera va dejando atrás rebaños de cabras y edificios en esqueleto como los que poblaban España tras la crisis.
«Es una angustia tremenda, no puedo moverme, ni trabajar», se queja, iluminado por un foco que cuelga del techo.
Hace unos meses cogió a peso una caja y desde entonces está postrado en una cama por el lumbago.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/06/02/actualidad/1464875098_979736.html
