CIUDAD DE MÉXICO, 21 de diciembre de 2016.- Todo indica que la propuesta de cambiar la Constitución, a fin de hacer posibles los gobiernos de coalición, no tuvo los consensos necesarios en el gobierno y en consecuencia en el PRI.
Los tiempos se vinieron encima y en Los Pinos no quisieron experimentar con la elección presidencial a la vuelta de la esquina.
Nos vamos a ir a una elección con las reglas tradicionales, y con una legislación en materia electoral que impide la propaganda negativa, los contrastes, y amenaza a los medios de comunicación si destacan los aspectos positivos u obscuros de los candidatos.
Con las actuales reglas y la pulverización del voto entre tantos partidos y candidatos que competirán en 2018, no es extraño que el próximo Presidente llegue a Los Pinos con el 28 o 30 por ciento de los sufragios emitidos.
Hasta ahora nadie ha reclamado por el naufragio de una buena propuesta, que incluía la segunda vuelta en la elección presidencial.
El candidato que saliera triunfante de la elección presidencial tenía hasta un mes para formar una coalición gobernante que le diera el 42 por ciento de la votación total y mayoría en el Congreso.
Pero en caso de que ese candidato no quisiera hacer coalición, tenía la opción de llamar a una segunda vuelta en la elección presidencial entre los dos con la más alta votación.
El freno al proyecto de gobiernos de coalición se dio con el argumento de que ya está encima la elección presidencial y los cambios constitucionales en materia electoral nunca se han hecho tan pegados a la fecha de los comicios.
Y eso se conseguía con una Presidencia fuerte, proyecto de gobierno en común entre dos o más partidos, y con una clara y legítima mayoría en el Congreso.
