40 años después de su fundación, se dice que Apple no tiene clientes, sino devotos de sus productos.
El iPhone (2007) hacía eso y, además, permitía hablar por teléfono, pero ese invento no se lo debemos a Apple.
Había muerto Steve Jobs, el fundador —pero no solo eso, era el alma, la esencia— de Apple, el Leonardo Da Vinci de nuestros tiempos.
Para extraer el máximo rendimiento a esos aparatos, además, Apple ideó un ecosistema, el de las aplicaciones y su correspondiente tienda, que ha sido imitado por otros gigantes.
En su caso, lo que vio claro, junto a Steve Wozniak, es que los ordenadores —y posteriores derivados— iban a ser el futuro.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/04/02/opinion/1459627748_126274.html
