Es corriente ver en las tertulias políticas televisadas que los realizadores buscan caras de los que escuchan.
Es interesante fijarse en esas caras, pues suelen ser tan expresivas como las de los que en ese preciso momento están hablando.
La cara es el espejo del alma, y es posible que ahí al menos la espectacularidad televisiva encuentre el alma que no está en las palabras.
El tertuliano ha ido fabricando poco a poco un rostro peculiar, que es tan solo de tertuliano, como si ese disfraz se adquiriera en las tiendas o en las farmacias.
Por supuesto, pasa también con la prensa, y pasa en las conversaciones cotidianas.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/18/opinion/1445185901_681392.html
