El rito de la corrida representa un ejemplo absoluto en la dialéctica extrema de Eros y Tánatos.
Y de mecerla, como hizo José Tomás, ya digo, en Jerez, sublimando por naturales una experiencia catártica, colectiva, que hizo a los espectadores trascender, cuando no levitar.
No dispongo de grandes argumentos racionales para defender la corrida de toros.
Los toros son un espectáculo sangriento y cruento, pero la propia coreografía de la muerte predispone a emociones descomunales.
Je suis taurino.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/05/12/actualidad/1463054999_789628.html
