No es casual que, en la tradición cristiana, la mayor villanía se corresponda con Judas y sus treinta monedas de plata.
Se puede ser malvado, pero hay que atenerse a un cierto código que no puede romperse sin riesgo de perder el favor del público.
O caen en el intento, pero con la grandeza que corresponde a la desmesura de su apuesta por el mal.
Tras nuestra guerra civil, Francia y muchos países latinoamericanos se llenaron de traidores de ese tipo.
Y la saña con que los acosan, persiguen y, llegado el caso y en las condiciones propicias para ello, exterminan.
Fuente: http://elpais.com/ccaa/2016/02/17/catalunya/1455737697_165855.html
