Núñez convirtió al Parlamento en una institución que daba legitimidad a las arbitrariedades cometidas por el Ejecutivo.
Fue una pieza clave para asegurar las reformas constitucionales que le garantizaron a Ortega en 2014 la reelección indefinida.
De todas las cosas inverosímiles que ocurren en la política nicaragüense —este pequeño país centroamericano que en el pasado ha demostrado su capacidad para desestabilizar a toda la región—, la que menos se esperaban los nicaragüenses era que su Asamblea Nacional estuviera liderada por un muerto.
Los muertos en Nicaragua, además de votar, aprueban leyes.
Núñez era un leal operador de Ortega en la Asamblea.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/22/america/1474498859_471298.html
