El lunes, en Chiapas, Francisco se lo dirá directamente, en un encuentro destinado también a llevar el apellido de histórico.
Aunque llegado de las periferias y dispuesto a arrastrar hasta ellas a una Iglesia ensimismada, Bergoglio sabe alternar la seda y el percal con una naturalidad asombrosa.
Cuando, ya en la tarde del sábado, el obispo de Roma llegó al santuario de la Virgen de Guadalupe, dirigió la homilía a los descendientes del indio Juan Diego.
Lo hace además con un tono sencillo, sin estridencias, sabiendo que al final los directamente aludidos le regalarán un aplauso y pugnarán por hacerse una foto con él.
Por la mañana, ya le había dicho a líderes políticos y religiosos “una mirada de singular delicadeza para los pueblos indígenas y sus fascinantes, y no pocas veces masacradas, culturas”.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/02/14/actualidad/1455408279_584511.html
