MorelosPor Everardo R. Bohórquez y Cuevas/ (Segunda de dos entregas)

(#página3.mx).-El 19 de febrero de 1812, Calleja inicia su ataque a la plaza de Cuautla en la que el abanderado de la insurgencia mexicana, el heredero de la lucha de Independencia iniciada por Hidalgo en 1810, don José María Morelos y Pavón, resiste ese tremendo acoso hasta el  1 de mayo siguiente, en que escapa triunfante del cerco realista pagándose una significativa cuota de sangre, pero demostrando con ello su genio militar.

Hermenegildo Galeana y su tropa ocupaban el Convento de San Diego; Leonardo Bravo defendía los fuertes de Santo Domingo; Mariano Matamoros tenía a su cargo la defensa de la hacienda de Buenavista, mientras Morelos estaba a la disposición para acudir a dónde se le necesitara, de acuerdo al desarrollo de la lucha.

Contaba Morelos con varias piezas de artillería entre las que se contaba el cañón El Niño, armamento con el que derrotó a los batallones de Granaderos de la Corona, Guanajuato y Patriotas de San Luis; Galeana venció a Segarra en el duelo personal que le lanzó éste y arrastró su cuerpo hasta Cuautla. Ahí murieron el Conde de Casa Rul y el comandante Juan Nepomuceno Oviedo ante las narices del propio Calleja, quien desde un lujoso carruaje presenciaba la caída de sus tropas de academia, que intentaban inútilmente tomar “el poblacho”, como le llamaba despectivamente el militar español.

Como lo refiere en su Cuadro Histórico el gran oaxaqueño don Carlos María de Bustamante que cuando Wellington, el vencedor de Napoleón en Waterloo, preguntó al diputado por México, Beye Cisneros –un expoliador de la riqueza minera—qué era Cuautla, el millonario presuntuoso respondió “un lugar abierto, una llanura o valle”; entonces el militar inglés sentenció: “Eso prueba tanto la ignorancia del general que lo ataca, –Calleja—como la sabiduría y valor del general –Morelos—que la defiende”.

Luego de romper el sitio de Cuautla con la pérdida de don Leonardo Bravo caído y fusilado por los españoles, Morelos prosigue la lucha por el sur del hoy estado de Guerrero, recibiendo en Chilapa la noticia de la tremenda situación por la que pasaba en Huajuapan, el general oaxaqueño don Valerio Trujano, considerado éste como jefe insurgente del sur de Puebla y norte de Oaxaca. El sitio de Huajuapan duraba ya 105 días, iniciándose  el 5 de abril y duró hasta el 24 de julio de aquel  1812.

Morelos no se precipitó para tomar Oaxaca, aunque lo podría haber hecho desde mediados de aquel año, pero sopesó muy bien el camino a seguir mientras se situaba en Tehuacán, punto estratégico para controlar Puebla y Veracruz, sin perder de vista la posible toma de Oaxaca, hecho que no se realizó sino hasta el 25 de noviembre, día en que don Félix Fernández, mejor conocido como Guadalupe Victoria, arrojó su espada al otro lado del foso que rodeaba el Santuario de Guadalupe frente al Llano, al grito de “va mi espada en prenda, voy por ella”.

El Siervo de la Nación contaba con un ejército de seis mil hombres en brigadas que comandaban Hermenegildo Galeana, Víctor Bravo, Miguel Bravo, Nicolás Bravo, Pablo Galeana y Mariano Matamoros, además con los valientes coroneles Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria.Por cierto que hace mucho que el ayuntamiento oaxaqueño ha dejó de cumplir el decreto del gobernador Alfonso Pérez Gasga, para que los 25 de noviembre de cada año, se  celebre con una ceremonia oficial.

El tránsito de Morelos y sus tropas de Tehuacán a Oaxaca, fue largo y penoso por falta víveres y de agua,  una serranía abrupta que parecía interminable en el que se realizaban grandes esfuerzos para transportar la artillería y los cañones, en épicas jornadas cuasi similares a las realizadas por Simón Bolívar en su paso por Los Andes. Así  pasó por Cuicatlán, llegó a Etla donde Morelos ordenó a su tropa “a acuartelarse en Oaxaca”.

Aparte de pesos y grana en abundancia, el gran insurgente obtuvo 700 fusiles y 74 cañones en  la toma de Oaxaca que significó a la cúspide de su carrera y le ganó el título del Rayo del Sur; dio paso a la creación del periódico insurgente Correo Americano del Sur y formó democráticamente una junta gubernativa de la ciudad, recayendo la designación en don José María Murguía y Galardi. Asimismo, en lo que es hoy la Casa Fuerte, bajo la dirección de Miér y Terán, se compusieron en talleres miles de armas y se acuñó moneda, al tiempo que Morelos ordenaba uniformar debidamente al Ejército con colores similares copiados a los de la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Morelos y sus tropas salieron de la ciudad de Oaxaca el 9 de febrero de 1813, con la intención de tomar la plaza de Acapulco, pasando por Etla, Huitzo, Nochixtlán, Yanhuitlán, Teposcolula, así como por Tlaxiaco y Putla hasta llegar a San Pedro Amuzgos, de donde se dirigió hacia Ometepec, y varios puntos de Guerrero.

Para el 13 de septiembre de 1814, se iniciaron en Chilpancingo, los trabajos del Congreso de Anahuác, contando con la representación de Oaxaca, entre otros estados, encabezada por don José María Murguía y Galardi. Don Carlos María de Bustamante era suplente por la provincia de México.

El documento rector de ese Congreso fue Los Sentimientos de la Nación en 23 puntos que sirvieron a las bases constitutivas de México como nación independiente, en donde se asienta que la Soberanía (nacional) dimana inmediatamente del pueblo; que las leyes deben ser sancionadas por el Congreso y que se prescriba la esclavitud, lo mismo que la distinción de castas, “quedando todos iguales y solo distinguirán de un americano de otro el vicio y la virtud”.

Empeño republicano de Morelos fue su credo de la autodeterminación, la libertad y de que el pueblo era capaz de discernir su propio gobierno. En esos esfuerzos era acorde con el caudillo, entre otros, el oaxaqueño don Manuel Sabino Crespo, quien después moriría fusilado en Apan, Hidalgo, al negarse a renunciar públicamente a su credo independentista.

La debacle para Morelos comenzaba y se intensificó cuando fue despojado del mando por el Congreso que para entonces ya era manejado por Ignacio López Rayón y por Rosaínz, un obscuro leguleyo quién fuera su secretario particular, cuyo particular modo de actuar y de aconsejar, fue siempre influir en Morelos para crear desconfianza entre todos los insurgentes.

Armijo, el realista encargado de aprender a Morelos y al Congreso, no alcanzó al héroe en Tlacotepec y en Las Ánimas capturó solo el uniforme de Capitán General del insurgente, quien a partir de entonces y a pesar de su entereza y voluntad, sufrió una serie de descalabros que lo obligaron a refugiarse en Atijo, en donde permaneció varios meses. Luego el 22 de octubre se expidió la Constitución de Apatzingán  y el Congreso nombró a Liceaga, a Morelos y al doctor Cos como individuos del Poder Ejecutivo. Cos fue hecho prisionero en Atijo y fue sustituido por el licenciado Cumplido. Liceaga solicitó licencia por 90 días permaneciendo en el Bajío.

Morelos se dirigía hacia el Golfo pensando que sería lo mejor, ya que Victoria operaba en Veracruz, mientras que Quintana Roo y Rosaínz trabajaban cada quien por su lado para lograr indultarse. Este último lo logró y queriendo congraciarse con Calleja que ya para entonces era el Virrey, daba santo y seña de la posición geográfica de Morelos, con lo que el exsoldado insurgente Matías Carrasco lo capturó en Temalaca, el 5 de noviembre de 1815.

El 22 de noviembre, Morelos arribaba encadenado a la capital mexicana y fue recluido en las mazmorras de la Inquisición, en  donde fue sometido a un juicio eclesiástico-civil, para lo cual fue resucitado brevemente el Santo Oficio, lo que se significa que no se trató de un proceso acusatorio sino unilateral. “De esta espesa selva de testimonios, lo único que sale a la luz es la soledad, el desamparo, la tortura moral, la falta completa de libre albedrío, el acoso sistemático y un sinfín de circunstancias adversas, que envolvieron y sumergieron al caudillo durante el mes en que padeció aquella bárbara presión por parte de sus verdugos”.

Así, el 22 de diciembre de 1815 –hará en este 200 años—a las tres de la tarde, atado de las manos a la espalda, de rodillas frente al paredón para significar más esa ignominia, fue fusilado el gran  insurgente y Siervo de la Nación, don José María Morelos y Pavón, en San Cristóbal Ecatepec, hoy estado de México, para una hora después ser enterrado en una capilla anexa a la iglesia de este lugar.

México seguirá eternamente en deuda con quién sentó las bases de nuestra nacionalidad mediante el pensamiento claro de lo que sería, con el tiempo, nuestra patria: México.

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