Emmanuel González-Ortega

Con la implementación de la Revolución Verde a partir de la década de 1960, el modelo agrícola occidental se ha orientado a producir alimentos masivamente sin tener en consideración las consecuencias de esa agenda en el ambiente, ni en la salud humana ni de los organismos que se encuentran en los ecosistemas, tampoco de los efectos en el calentamiento del planeta. 

Una de las características del modelo productivo es el uso masivo de agroquímicos tales como fertilizantes o herbicidas (por ejemplo, los herbicidas basados en glifosato). El uso del herbicida glifosato ha aumentado significativamente a partir de la implementación de los cultivos genéticamente modificados (transgénicos) en algunos países: hasta el 2016 se contabilizaban a nivel mundial 86.5 millones de hectáreas sembradas con transgénicos tolerantes a algún herbicida. Sin embargo, debe mencionarse que se asperjan herbicidas basados en glifosato también en cultivos que no necesariamente son transgénicos, tales como trigo, arroz, alfalfa, uva, frutas y legumbres. Incluso se utilizan herbicidas que tienen al Glifosato como ingrediente activo en parques públicos o patios traseros para eliminar las malas hierbas.

Ya en ocasiones anteriores hemos comentado cómo es la actividad herbicida del glifosato (https://pagina3.mx/2016/02/al-grano-sumergidos-en-herbicidas-venenosos/) o incluso sobre la evidencia científica de que hay alimentos elaborados con maíz, que se consumen masivamente en México y que contienen residuos de glifosato (https://pagina3.mx/2017/10/al-grano-transgenes-y-glifosato-en-alimentos-producidos-industrialmente-con-maiz-en-mexico/).  

Recientemente, investigadores del Programa Nacional de Toxicología de los Estados Unidos (NTP, por sus siglas en inglés) han reconocido por primera vez que las formulaciones comerciales de los herbicidas basados en glifosato son más tóxicos para las células humanas que el principio activo (glifosato) solo. Esta noticia es relevante debido a que comúnmente los análisis que realizaban las entidades responsables de la protección ambiental (en Estados Unidos) previo a la autorización para la venta comercial de la sustancia herbicida se hacían evaluando únicamente la molécula con actividad herbicida (por ejemplo el glifosato puro), y no en la formulación comercial disponible al público, que contiene una gran cantidad de sustancias como surfactantes, adjuvantes, y otras desconocidas por estar bajo el esquema de derechos de propiedad industrial. 

Desde hace más de 10 años diversos científicos toxicólogos latinoamericanos y europeos han reportado investigaciones sobre los daños potenciales a la salud humana que los herbicidas basados en glifosato podrían provocar, aún por debajo de los límites de presencia permitidos en los granos en la normatividad internacional. Varios de esos estudios se han realizado en modelos animales de laboratorio, pero tales investigaciones son significativas dado que los ensayos con animales modelo (por ejemplo, ratones, ratas, cerdos) son ampliamente usados para estudiar los daños colaterales ocasionados por nuevos medicamentos o productos comerciales. Algunos de los daños evidenciados son: aparición de tumores en diferentes órganos, daño hepático, daño en células renales, melanoma, alteraciones neurológicas, entre otras.

Los herbicidas basados en glifosato fueron introducidos por la transnacional Monsanto en el año 1974, y aunque hay evidencia de que la compañía sospechaba de la toxicidad de este tipo de herbicidas, criminalmente continuó comercializando los herbicidas basados en glifosato (https://usrtk.org/pesticides/mdl-monsanto-glyphosate-cancer-case-key-documents-analysis/ ). Actualmente en los Estados Unidos se han interpuesto más de 400 demandas contra Monsanto, que alegan que el herbicida RoundUp (basado en glifosato) provocó linfoma No-Hodkin en los demandantes o en sus familiares y que Monsanto no advirtió de los riesgos por el uso del herbicida.

Ante la evidencia de que la población mexicana está expuesta a los herbicidas basados en glifosato de manera inadvertida a través del consumo de algunos alimentos elaborados con maíz (presumiblemente es maíz transgénico asperjado con glifosato) es obligación de las autoridades encargadas de la protección contra riesgos sanitarios y de la salud pública implementar los protocolos de análisis toxicológicos de los herbicidas que se usan en México, o ya en su defecto, adoptar las directrices que deberían tender a la prohibición del glifosato en todo el mundo.

 

Más información:

https://www.uccs.mx/prensa/comunicados/presencia-masiva-de-transgenes-y-del-herbicida-glifosato-en-alimentos-derivados-de-maiz-en-mexico 

https://ntp.niehs.nih.gov/results/areas/glyphosate/index.html

https://usrtk.org/wp-content/uploads/2018/05/NTP_GBF-paper.pdf

https://vimeo.com/127559134