La insurrección contra FP-14 de Junio y una sinfonía para la paz

Pedro MATÍAS / Cuarta y última parte

OAXACA, (pagina3.mx).- Las historias descarnadas en el pestilente tiradero municipal fueron relegadas, aunque sea por unas horas, por niños y niñas de la basura que decidieron cambiar la inmundicia por el arte al ofrecer un Concierto por la paz y la reconstrucción del tejido comunitario.

Es así como la magia de las partituras musicales de Gioachino Rossini, Antonio Vivaldi, Franz Joseph Haydn, Johann Strauss y Ludwig Van Beethoven transformaron lo que han calificado como el Infierno en un ritual por la paz acompañada de una danza de zopilotes, buitres y demás aves de rapiña que sobrevuelan su botín: el basurero.

Aquí, entre la basura, han salido niños y niñas a quienes la música les ha dado la oportunidad de cambiar su futuro.

Y ahora estos 80 niños y niñas, incorporados en la Orquesta de Cámara, la Banda de Música y el Quinteto de Metales de la Escuela de Iniciación Musical “Santa Cecilia”, dieron otra lección al realizar un Concierto por la paz y la reconstrucción del tejido comunitario ante más de mil 400 personas que se dieron cita en inmediaciones del basurero.

La cita fue el domingo seis de agosto de 2017, a las 16:00 horas, en el improvisado teatro al aire libre cuyo escenario es el tiradero, dos canchas de futbol con pasto sintético, una de basquetbol y un área de juegos infantiles, así como un cerro de basura.

Ni el pestilentes ambiente, ni el olor a miedo, ni mucho menos la falta de recursos fue impedimento para realizar el concierto.

Hace 37 años, las laderas de los cerros de la zona oriente de la Villa de Zaachila eran secos en el estiaje y verdes en el verano. Fue el año 1980 que marcó profundamente el entorno natural de esa zona porque se instaló el tiradero municipal, en el cual comenzaron a verter sus desechos 17 municipios conurbados de la ciudad de Oaxaca que actualmente generan 700 toneladas diarias.

Con los desechos también llegaron pobladores, a quienes por vivir alrededor de la basura muchos también les consideraron o les imaginaron desechables, despreciables, manipulables, corruptibles.

En torno al tiradero se tejieron historias de corrupción y violencia que contaminaron ambientes, hogares, conciencias, jóvenes y adultos, instituciones, organizaciones y autoridades.

Y es que, recuerdan los alrededor de 30 mil habitantes, “depositar volteos de vísceras de animales nauseabundas junto con la basura o compactar la tierra de los rellenos con el agua residual de fosas sépticas, son la expresión de los altos niveles de contaminación física y ética, aquí y en los centros de decisión; son la manifestación de nuestra sociedad enferma que quiere ocultar sus miserias humanas y hacer que otros las soporten”.

“El crimen se hizo realidad contra la naturaleza, las personas y las colonias. Se tejió con los ciudadanos, las organizaciones y las autoridades mismas. Por ello, ahora el crimen cobra facturas ecológicas, humanas, sociales, institucionales y espirituales.

“No basta con hablar de paz, uno debe creer en ella. Y no es suficiente con creer, hay que trabajar para conseguirla”, Eleanor Roosevelt. Con este pensamiento inició el concierto en el tiradero municipal.

Ahí estuvieron también, aunque sea con sus reflexiones, Antoine de Saint-Exupery y Mahatma Gandhi.

Niñas y niños interpretaron obras de artistas locales como el oaxaqueño Amador Pérez Torres con su danzón Circulando, o la Negra Tomasa del cubano Guillermo Rodríguez Rife, así como Llorando se fue de Kaoma, hasta And I Love Her de Los Beatles, un día de noviembre, de Fredi Pacheco Zaragoza, Romanza y Firs You de Ennio Morricone.

Así como obras de Gioachino Rosinni, Franz Joseph Haydn, Johann Strauss, Ludwig Van Beethoven, con su Himno a la alegría que fue cantado por los presentes y en el lenguaje de señas por la pastoral de sordos de la parroquia de San Bartolomé Apóstol.

Luego vino Son Calenda, sones y jarabes mixes y cerró el concierto el himno de las y los oaxaqueños: Dios nunca muere, como un pedido especial de fe y esperanza al Cielo para no volver nunca más al Infierno.