Emmanuel González-Ortega

El presente: tal y como los fumadores adictos a la nicotina, los polinizadores (abejorros) crean adicción a los agroquímicos tóxicos. Y es que mientras más alimento contaminado con pesticidas consumen, más adicción a los químicos desarrollan estos insectos. Esa es la conclusión de una investigación recientemente publicada en el Reino Unido, que alertó sobre el gran peligro de la presencia de néctar contaminado con pesticidas en las colonias de polinizadores como las abejas o los abejorros.

En este estudio se ofreció durante 10 días a 10 colonias de abejorros, dos soluciones de azúcar, una de las cuales contenía una concentración de un pesticida neonicotinoide. Se encontró que con el paso del tiempo, los abejorros preferían alimentarse del azúcar que contenía el insecticida. Desde hace tiempo, diferentes estudios científicos han documentado el efecto que producen pesticidas tales como los neonicotinoides en diversas especies de insectos polinizadores (https://pagina3.mx/2017/10/abejas-en-peligro-neonicotinoides/); la relevancia de este estudio implica que los neonicotinoides interactúan con receptores neuronales de las abejas, similares a los receptores del cerebro de las personas con adicción a la nicotina, el compuesto activo del tabaco.

Hasta ahora, muchos estudios científicos reportaban los resultados de la alimentación a los polinizadores con comida contaminada, pero en la naturaleza, las abejas tienen muchas opciones para encontrar alimento de las plantas.

Uno de los objetivos de la investigación era determinar si las abejas podían detectar los pesticidas en las plantas para así evitarlos y alimentarse solamente de néctar limpio, no contaminado. Aunque al principio del estudio los abejorros sí que evitaron el alimento contaminado, a medida que pasó el tiempo, los insectos visitaron más el azúcar contaminado con el pesticida neonicotinoide.

Comúnmente, los neonicotinoides se añaden junto con una mezcla de otros agroquímicos como cobertura a las semillas híbridas comerciales, para así protegerlas de insectos plaga que pudieran estar presentes en el suelo al momento de la siembra. Las plantas toman los neonicotinoides del suelo y lo transportan a todos los órganos vegetales como las flores, el polen y el néctar, que son sustancias esenciales para la supervivencia de las abejas y otros polinizadores.

Diversos estudios han detectado la presencia de neonicotinoides en 75% de casi 200 muestras de miel colectada en los cinco continentes: 80% de las muestras procedentes de Norteamérica, Europa y de Asia contenían neonicotinoides, el 57% de las muestras de miel contenían muestreadas en Sudamérica contenían algún neonicotinoide.

Se ha reportado la pérdida de colmenas en distintas partes del mundo debido al uso de agroquímicos: en Quintana Roo, México, se reportó en agosto la afectación a más de 300 colmenas (afectando a millones de abejas) por la fumigación previa a la siembra, casos similares han ocurrido en Alemania, Francia, Holanda o Italia, con estimaciones de afectaciones en la polinización por valor de hasta 15 mil millones de euros por año. Aunque progresivamente se ha prohibido el uso de este tipo de insecticidas en diversos países –principalmente europeos-, aún queda mucho por hacer.

El futuro próximo: abejas transgénicas y abejas robot

Una de las alternativas que se ofrece ante la pérdida de colmenas a nivel mundial es la creación de abejas “más “robustas” mediante ingeniería genética. Aunque esta propuesta se trabaja en laboratorios por ahora, en el horizonte se plantean modificaciones genéticas que le permitan a las abejas resistir peligros naturales, pero también peligros derivados de las actividades humanas, tales como los agroquímicos usados masivamente en la agricultura.

El epicentro de esta propuesta está en un laboratorio en la Universidad de Dusseldorf en Alemania, donde a partir de la decodificación del genoma de la abeja, la investigación orientada a la modificación genética de las abejas ha acelerado usando la herramienta de edición genómica llamada CRISPR-Cas9. Esta técnica permite cortar, insertar, eliminar mutaciones u otras secuencias genéticas para insertar rasgos en la especie que se modifique, en este caso las abejas para ser “más resistentes”.

A nivel ecológico, la eventual presencia de abejas “fortificadas” transgénicas podría acelerar el declive de las abejas convencionales y otros polinizadores, ya que habría competencia por las áreas a visitar; asimismo, la presencia de abejas transgénicas podría ser un factor de erosión genética de las poblaciones de abejas convencionales (incluyendo a abejas nativas), contrario a lo que ocurre hasta ahora en la apicultura: las abejas se reproducen periódicamente (mejorando los reservorios genéticos de las poblaciones año tras año) y se adaptan al tipo de vegetación presente en el ecosistema. Por otro lado, los apicultores competirían con las empresas distribuidoras de abejas transgénicas (tal y como pasa actualmente con la agricultura industrial y las semillas híbridas comerciales de las grandes corporaciones).

La posible existencia de abejas transgénicas plantea también la imposición de patentes y privatización a uno de los pilares de la agricultura que ha sido desarrollada comunitariamente y sin derechos de propiedad privada desde hace milenios: la apicultura.

Otra propuesta igual de demencial (y dantesca) es la fabricación de abejas robots (drones polinizadores) para que realicen la tarea de polinización de los diferentes ecosistemas y cultivos agrícolas en el caso (no tan descabellado) de la eventual extinción de las abejas. Esos “insectos” drones podrían llevar polen de una planta a otra, usando sensores y cámaras, para detectar la presencia de los cultivos. Hay ya patentes solicitadas para las abejas robot-dron-polinizador: en marzo de 2018, se hizo publica el registro de la patente por la corporación Wal-Mart por los drones polinizadores (http://images2.freshpatents.com/pdf/US20180065749A1.pdf ).

La fabricación y liberación de robots polinizadores y la idea y esfuerzos de la ciencia corporativa para crear abejas transgénicas son evidencias duras de la ideología predominante: “No es posible modificar el modelo agrícola, pero podemos modificar a las abejas”.