Andrés Manuel López Obrador, presidente de México.

Emmanuel González Ortega

 “…protegeremos la diversidad biológica y cultural de México. Impulsaremos prácticas agroecológicas que aumenten la productividad sin dañar a la naturaleza. No se permitirá la introducción y el uso de semillas transgénicas.”

Fue este el compromiso número 74 de 100 que Andrés Manuel López Obrador compartió con la gente que abarrotó el Zócalo de la Ciudad de México el pasado 1 de diciembre,  después de ser investido como Presidente de la República. 

En el sentido del cuidado del medio ambiente, de la diversidad biológica, y de la salud de las comunidades indígenas, rurales y urbanas de México, es muy afortunado y abre una ventana de esperanza el discurso de Andrés Manuel López Obrador sobre que no se introducirán ni usarán semillas transgénicas. 

Esa declaración es relevante para México y para toda América, dados los efectos del modelo de agricultura biotecnológica transgénica, ya probados científica, e incluso económicamente, en muchos lugares del mundo: 

Los cultivos transgénicos no aumentan los rendimientos en la producción agrícola, no mejoran la economía de los pequeños productores; por el contrario, los hacen dependientes de comprar las semillas comerciales, necesarias para cultivar cada temporada, más los paquetes tecnológicos asociados (por ejemplo, herbicidas); la agricultura industrial transgénica rompe los tejidos y dinámicas comunitarias a través de la contaminación y pérdida irreparable de los territorios. 

Adicionalmente, el uso de cultivos genéticamente modificados y los paquetes tecnológicos asociados en la agricultura han generado daños en los ecosistemas, ya reportados desde hace años: el avance de la frontera agrícola en regiones con alta diversidad biológica, la contaminación de mantos freáticos con herbicidas, la aparición de malezas resistentes a los herbicidas, así como la aparición de insectos resistentes a las proteínas biotecnológicas expresadas por los cultivos transgénicos (Bt); los daños a especies animales y vegetales que no son diana de los productos biotecnológicos y, de manera grave, la dispersión de los transgenes hacia las variedades nativas y los parientes silvestres de los cultivos. 

Existen dos datos muy relevantes en la relación agricultura y alimentación y los transgénicos: uno de los argumentos para la implementación de la biotecnología transgénica agrícola fue la necesidad de alimentar a gente que padece hambre en el mundo.

En ese sentido, los cultivos transgénicos han estado en el mercado en diversos países por más de 20 años, pero el hambre en el planeta no se ha reducido de manera significativa, o por lo menos en no como lo proyectaban las empresas semilleras biotecnológicas con la propuesta transgénica para este periodo de tiempo. 

Otro dato importante es que la agricultura transgénica está ya presente en los alimentos que consumen cotidianamente las y los mexicanos, se han encontrado grandes cantidades de maíz transgénico y del herbicida glifosato -catalogado como probablemente cancerígeno para humanos- en los alimentos elaborados industrialmente con maíz y consumidos muy frecuentemente, particularmente en las tortillas de maíz (https://pagina3.mx/2017/10/al-grano-transgenes-y-glifosato-en-alimentos-producidos-industrialmente-con-maiz-en-mexico/). No se consultó previamente a la población si deseaba consumir maíz modificado genéticamente en sus alimentos. Se han violado diversos derechos.

López Obrador habla también de implementar la agroecología, una práctica en la que se producen alimentos en armonía con los territorios, prácticas y saberes locales, usando semillas y recursos naturales, no químicos. 

Ante los escenarios de cambio climático severo que estamos atestiguando, diversas organizaciones campesinas e indígenas internacionales, investigaciones científicas, e incluso la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), han señalado que la estrategia más efectiva para mitigar el cambio climático es precisamente la producción de alimentos mediante la agroecología. Es urgente una política agrícola que incluya y apoye decidida y progresivamente la agroecología.

La declaración sobre el no uso de semillas transgénicas para la agricultura por parte del Presidente enfrenta ya mismo varios retos complejos que van en sentido contrario a ese posicionamiento, y no se han detallado las estrategias para consolidar una agricultura no transgénica como política de Estado. 

Recientemente se ha firmado el nuevo acuerdo comercial trilateral entre Estados Unidos de Norteamérica, Canadá y México. Sobre el capítulo de agricultura se ha conocido que el nuevo acuerdo promueve fuertemente la agrobiotecnología transgénica importada (incluyendo a los nuevos organismos genéticamente modificados, tales como los producidos mediante la edición genómica). 

El nuevo acuerdo comercial obliga a México a adherirse a UPOV91, un acuerdo internacional que regula la propiedad intelectual de las variedades de semillas, pero que en los hechos prohíbe la práctica ancestral de los pueblos indígenas y comunidades campesinas que generó la enorme diversidad agrícola, y que permitió el desarrollo de las civilizaciones: el guardar e intercambiar semillas. 

Por otro lado, UPOV91 propicia que se concentre y aumente el poder de las corporaciones semilleras multinacionales por medio de regular la compra de semillas registradas. 

México es centro de origen y diversidad de más de 15% de los cultivos de relevancia agroalimentaria a nivel mundial, esta hazaña fue lograda por la comunidades indígenas ancestrales de Mesoamérica, por lo que la eventual prohibición de guardar e intercambiar las semillas entre campesinos que enmarca UPOV91 es un atentado a la historia, pero también hacia el futuro de nuestro pueblo, ya que la evolución y adaptación de las semillas se materializa precisamente en el movimiento de las semillas, y el manejo que las comunidades campesinas hacen de ellas en cada ciclo agrícola. Es este además, un principio fundamental de la agroecología.

Por otro lado, será complejo (más no imposible) detener la entrada y movimiento de semillas transgénicas en México dados los niveles tan altos de importación de granos como el maíz, que se compra en gran escala a los Estados Unidos. 

Noticias recientes dieron parte del aumento progresivo en la importación de granos como el maíz y el frijol; entre enero y octubre de este año la importación de maíz rebasó en casi 50% la producción nacional del grano. Los datos indican que aproximadamente un 90% del maíz que se siembra en el vecino del norte es transgénico (y una cantidad no determinada de los granos han sido rociados con herbicidas altamente tóxicos) ¿Cómo se podrá dar la vuelta a esta dinámica económica para cumplir la palabra empeñada?

Otro reto que enfrenta la declaración del presidente López Obrador es el de las nuevas biotecnologías. 

Actualmente, la Biotecnología está desarrollando nuevas herramientas y aplicaciones moleculares a una velocidad vertiginosa, las cuales están orientadas a la modificación genética de organismos (microorganismos, levaduras, algas, hongos, plantas y animales), o al diseño y la generación de nuevos organismos (no naturales) y productos biotecnológicos de interés comercial (conocida como Biología Sintética). 

Los desarrolladores de estas tecnologías no se han detenido analizar críticamente los posibles efectos de esos productos a nivel de sostenibilidad, de posibles daños al ambiente, a la biodiversidad y a la salud, o ni siquiera si su propuesta soluciona de fondo el problema para el que teóricamente fueron desarrollados. Además, los proponentes de esas nuevas biotecnologías están presionando para que los organismos modificados o productos producidos mediante las nuevas biotecnologías no sean sujetos de ninguna regulación o gobernanza. 

Actualmente existen grandes vacíos de conocimiento científico a nivel de biología molecular, biología de sistemas, epigenética, biodiversidad, ecología y evolución, sobre los posibles efectos colaterales del uso de las nuevas herramientas biotecnológicas (por ejemplo, la edición genómica o los impulsores genéticos) en los organismos modificados.

Hasta ahora no hay ninguna evidencia científica que confirme que los organismos modificados genéticamente mediante las nuevas herramientas biotecnológicas sean idénticos a sus contrapartes no modificadas (naturales). Como consecuencia, se han generado grandes cuestionamientos científicos, éticos, filosóficos, pero también ecológicos, sociales y económicos sobre la pertinencia del desarrollo y uso de las nuevas biotecnologías. 

Ante este escenario, y como parte de la hoja de ruta para cristalizar la promesa hecha sobre el no uso de transgénicos o de cualquier organismo genéticamente modificado, es necesario y urgente diseñar e implementar legislación y capacidad de monitoreo de las nuevas biotecnologías.

Todos los organismos vivos modificados mediante las nuevas biotecnologías (edición genómica y Biología Sintética, más las que se desarrollen en el futuro y que impliquen modificación directa al material hereditario) deben ser considerados organismos genéticamente modificados y ser sujetos de las regulaciones y procedimientos de monitoreo más estrictos que los que ya han sido implementados para los OGMs actuales. 

Debe elaborarse legislación bajo un enfoque de principio precautorio y de observancia obligatoria a los derechos humanos y comunitarios (por ejemplo, la consulta y la obtención de consenso libres, previos e informados hacia las comunidades en las que se pretendan introducir organismos modificados genéticamente mediante las nuevas Biotecnologías, o procesos de producción o productos derivados de esas nuevas Biotecnologías que pudieran afectar los modos de vida de las comunidades).

Me parece que los retos que se imponen ante la declaración del Presidente por un México libre de transgénicos no son triviales, pero es muy significativo y contrastante con respecto a administraciones anteriores que el gobierno recién inaugurado tenga este tema entre sus 100 prioridades de gobierno. 

El Lic. Andrés Manuel López Obrador lo dijo: No tiene derecho a fallarle al pueblo de México.