Deseo en esta ocasión reflexionar hasta donde mis capacidades me lo permitan y comentar sobre un hecho que seguramente alguna de las personas que tengan la gentileza de leer estos dislates que surgen del teclado de esta computadora con la que escribo han percibido por su cuenta antes. Como disculpa puedo decir que la computadora ni siquiera es mía. En fin. Lo que deseo finalmente comentar es cómo muchas veces muchas personas tenemos una tendencia muy marcada a enfocarnos en los aspectos negativos, en resaltar lo que no concuerda con nuestros puntos de vista, en encontrar los puntos débiles. Y es que además resulta que criticar es muy fácil y muchas veces hay involucrado un placer malsano en el chismorreo vil. Y no, no creo que decir esto sea como escupir para arriba porque el 99% de las veces en que alegremente me entrego a la crítica de todo lo que me parece criticable me cuido de fundamentar mis palabras en hechos que me constan o en el testimonio de personas dignas de confianza. Una vez hecha la aclaración, prosigo.

Reconozco humildemente que de algún modo he incurrido en parte en esa práctica que menciono, la de enfocarme en los aspectos oscuros, no es una justificación válida, pero vamos, es que además es lo que vende… Ahora como reivindicación y en un intento de reparar los posibles daños ocasionados iré contra esta costumbre y hablaré (o escribiré, mejor dicho, o mejor escrito… bueno, la idea es esa…) en un sentido distinto. Porque corro el riesgo de dejar entre quienes pudieran llegar a leer regularmente esta humilde colaboración la impresión equivocada de que en el H.G.D.A.V. sólo ocurren cosas malas y que es un sitio lúgubre y aterrador. Eso no es cierto.

Por ejemplo, en diciembre del 2018 como parte de un mensaje de felicitación con motivo de las fiestas decembrinas, el encargado del despacho del Director del H.G.D.A.V. (desconozco si ya es formalmente el director), Ernesto Garzón, dio a conocer que gracias al trabajo del personal que ahí labora se ha logrado revalidar la acreditación en la atención de pacientes con cáncer cervicouterino y además también se ha obtenido una acreditación en la atención de pacientes con cáncer de mama. Son buenas noticias no sólo porque aquellas personas que lo necesiten pueden acudir al hospital con la confianza de saber que la atención que recibirán será de calidad, sino porque gracias a esa acreditación habrá más y mejores recursos para continuar brindando la atención. Es como para colocar un gigantesco like en la azotea del hospital. ¡Bien hecho! Pero no creo que podamos ya decir “¡Misión cumplida!”, ojalá podamos continuar así e incluso mejorar.

Anteriormente he criticado a algunas personas que trabajan en el hospital y quizá he dado la falsa imagen del trabajador del H.G.D.A.V. como una persona mal encarada y gruñona. Esto tampoco es así. Hay personas muy gentiles y capaces en ese lugar, me veo tentado a mencionar los nombres de algunas que conozco, aunque seguramente hay muchas más que no he tenido el gusto de conocer, quisiera hacerles un reconocimiento público y que todos sepan que tenemos a estas personas extraordinarias entre nosotros, a quienes en lo personal admiro y respeto, pero quizá eso podría incomodarles y seguramente es algo que no desean, así que me abstengo de hacerlo en este momento.

Pero creo que sí puedo comentar algunas generalidades y quiero antes de empezar mencionar que personajes interesantes, curiosos y notables los ha habido siempre en el hospital. Por ejemplo tenemos a uno que menciona el historiador José María Bradomín en su libro Crónicas (Del Oaxaca de hace cincuenta años), publicado en 1976, en el capítulo 11 titulado “Boticas, médicos y curanderos”.

“…las gentes de aquel tiempo, en tratándose de aliviar cualquier dolencia o pequeño achaque corporal, siempre tenían a la mano el recurso indicado por su profundo sentido de observación y su experiencia, lo que no impedía también que en ocasiones recurrieran a los servicios de algunas otras personas que, derivando sus conocimientos de la experiencia y práctica adquiridos a través de los años –como aquel popular Médico a Palos, don José González, viejo empleado del Hospital General que llegó a tener una estimable clientela entre la gente de los pueblos circunvecinos…”

Yo supongo que este buen hombre era alguna clase de asistente de los médicos de ese Hospital General, antecedente directo de nuestro “Aurelio Valdivieso”, o bien alguna clase de aprendiz o estudiante no oficial, que a fuerza de practicar con ellos, como apunta el historiador, adquirió ciertos conocimientos que le permitieron asistir a quienes por alguna razón no deseaban o no podían acudir al hospital.

Actualmente tenemos por ejemplo a una enfermera que he visto regularmente por las áreas de ginecología. Es una mujer de mediana edad, que tiene una notoria experiencia y sin duda grandes capacidades ya que según me parece tiene la categoría de jefa de servicio. Tiene una gran templanza de carácter, yo diría que a prueba de todo, no la he escuchado alzar la voz en ninguna ocasión, siempre se le ve sonriente y de buen ánimo y usa un tono moderado al hablar, incluso cuando ha tenido alguna confrontación con otras compañeras la he visto serena. Para uno como paciente es sumamente reconfortante y te brinda una gran seguridad saber que la enfermera que lo asiste tiene además de todos los conocimientos requeridos, esa cualidad para dirigirse a uno con toda la paciencia requerida sin ser condescendiente, para brindarnos a la par de los cuidados profesionales necesarios su comprensión y respeto. La llamaremos en esta ocasión “La jefa L”.

Un compañero que incluso ha sido ampliamente felicitado en redes sociales por algunos usuarios se encuentra trabajando en el módulo de información de la consulta externa del hospital, es un tipo joven y preparado, me parece que egresado de la U.N.A.M., con gran vocación de servicio y paciencia para dar indicaciones a los usuarios que llegan todas las mañanas a recibir atención, pero no es todo lo que hace, también se encarga de actuar como enlace entre los familiares de los pacientes hospitalizados y quienes se encargan de la atención de dichos pacientes en los servicios además de seguramente otras actividades propias de su puesto que desconozco. Lo llamaremos de momento “Licenciado M”.

Una gentil dama que es enfermera la he topado curiosamente también en las áreas de ginecología. En lo personal me llevé una grata sorpresa la primera vez que tuve el placer de colaborar con ella. Reconozco que antes de eso cometí el tonto error de juzgarla por la imagen que según yo proyecta, casi le pido disculpas (de rodillas) en ese momento por haberme equivocado en forma tan garrafal, aunque por supuesto que ella no lo sabía (quizá ahora se entere), tenía yo la impresión equivocada de que se trataba de una persona dura, arrogante e insensible. En realidad es todo lo contrario. Es amable, es simpática y empática y sensible, es también muy joven pero sumamente dedicada y profesional. Es un poco reservada, a diferencia de la enfermera que mencioné anteriormente, pero no creo que sea tímida, más bien tiene un gran aplomo y seguridad. No sólo es una gran profesional, es además una gran persona. La llamará aquí “Enfermera A”.

Está también una médica residente, excelente persona, muy joven, que en lo personal me ha impresionado mucho por las cualidades que posee. Es la única médica que he visto en todo el hospital que estrecha la mano de todos y cada uno de los pacientes que atiende y de sus familiares cuando llegan a recibir la atención. Es atenta y considerada al hablarles y muy amable. Una vez escuché a una paciente exclamar, “¡Pero qué linda doctora me tocó!”. Y efectivamente, es una joya. Es un ejemplo para sus compañeros, que harían bien en aprender algo de ella mientras la tenemos entre nosotros. Le auguro sólo cosas buenas, estoy seguro que su carrera como especialista será brillante y llena de éxito puesto que tiene todas las cualidades para triunfar. La llamaré aquí “Doctora L”.

Un caso especial entre los excepcionales, motivo de orgullo para el H.G.D.A.V., es el de la única Enfermera Cirujana. No sólo del Hospital Civil, no de la ciudad ni del estado, ni del país o del continente, sino de Todo el Mundo, quizá del universo mismo. Es una joven dama, toda alegría, toda jovialidad y simpatía que entre otros tiene el talento único de poder establecer muy rápidamente una conexión con los pacientes que atiende por medio de su sentido del humor único y su vivacidad. Es, como dicen, un cascabel. Sin embargo es muy profesional y su compromiso con el paciente es tal que no duda en enfrentarse con otras compañeras cuando considera que aquellas fallan en los cuidados que deben ofrecer. Es una de esas personas que tienen la extraordinaria capacidad de convertir el lugar en el que se encuentran en uno mejor, sólo con llegar ahí. Es la “Enfermera R”.

Ya he hablado antes en este mismo espacio de la famosa “Jefita”, también conocida como “Morante de la Valora”, por su vocación toreril. Dama igualmente muy joven que tiene una gran energía y dinamismo y que desborda entusiasmo. A pesar de su juventud no le falta un gran profesionalismo y grandes conocimientos ya que cuenta con una sólida preparación académica. Es también afable y cordial, pero que nadie se engañe, es sumamente estricta cuando tiene que serlo. Para mí ella es de las llamadas a tomar la estafeta en el relevo generacional en la jefatura de servicios, quizá incluso en la supervisión de enfermeras. Es “La Enfermera A’“ (“A” prima).

Tenemos también dos caballeros de fina estampa a los que veo y tengo el gusto de poder saludar con cierta frecuencia y están uno por su parte en la consulta externa, es un neumólogo con un gran compromiso social, afable y de trato cordial (el “Doctor F”) y el otro me parece que es especialista en medicina interna, dueño de una agradable presencia, siempre impecable y finos modales (el “Doctor Who”). No sólo son especialistas que hacen un estupendo trabajo, sino que cuentan con el invaluable agregado de ofrecer al paciente un trato respetuoso y cordial.

Podría surgir una duda entre quienes tengan la gentileza de leer esta colaboración, se podría pensar que hablo de mis amigos, ¿y qué no diría yo de ellos? Pues en realidad no, sería un verdadero honor para mí  pero de estas buenas personas sólo en dos casos me honran con su amistad y con el resto no he tenido el gusto de entablar una relación más allá del ocasional trato profesional.