Texto: Carlos Melgoza/@CarlosMelgoza12, Frida Valdivia/@fridavaldivia_,
Rodrigo Cervantes/@Rodrigocer2 y Erika Santacruz/@FrancoXXVII *.
Este trabajo pertenece a Zona Docs, y se reproduce aquí por medio de colaboraciones con la Alianza de Medios de la red de Periodistas de a Pie. Encuentra la publicación original en el siguiente enlace: Hasta la sangre: los agroquímicos que habitan el cuerpo de campesinos en Jalisco

Por lo menos 113 campesinos que han dedicado su vida a la siembra en la región Ciénega en Jalisco han mostrado presencia pesticidas y herbicidas en su sangre; así lo demostró un estudio realizado en el Centro Universitario de la Ciénega (CUCIÉNEGA) de la Universidad de Guadalajara.

La falta de regulación de estas sustancias exógenas y la falta de cuidado en su uso y aplicación ha generado que en muchos de estos campesinos estos químicos corran por sus venas desde hace más de 35 años.

Por las venas de una centena de campesinos de la Región Ciénega de Jalisco corren sustancias como: Furadan, Paraquat –o Gramoxone–, Balazo T y Faena, todos estos compuestos químicos reconocidos por su toxicidad y alta eficacia contra las plagas y maleza en los cultivos.

Según datos de la Oficina General de Epidemiología de la Secretaría de Salud en el estado, los compuestos químicos de estos productos son culpables de que en la región, la cual se compone de nueve municipios jaliscienses, resulte una persona intoxicada cada cinco días. Además, estas sustancias pueden llegar a ser posibles agentes causales de enfermedades como: cáncer, diabetes e hipertensión.

En el artículo académico Comparative Study of Oxidative Stress Markers Between Exposed and Non-Exposed Farmers to Organophosphorus and Carbamates Pesticides (Estudio comparativo de marcadores de estrés oxidativo entre agricultores expuestos y no expuestos a pesticidas organofosforados y carbamatos) realizado por Joel Salazar Flores, profesor e investigador del Centro Universitario de la Ciénega (CUCIÉNEGA) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), se analizaron los resultados de 113 pruebas de sangre a campesinos entre los 22 y 72 años, de siete comunidades agrícolas pertenecientes a la Región Ciénega.

En los resultados de la primera parte de la investigación, se encontró la presencia de sustancias exógenas –como pesticidas y herbicidas– en la sangre de los agricultores que han estado expuestos a estas sustancias durante 35 años.

Los hallazgos de la investigación indican que las sustancias a los que fueron mayormente expuestos estos agricultores son: Carbofuran en un 21.5%; Terbufos, en el 18.8% de los casos; Fipronil con 8.3% de incidencia; Alfacipermetrina que resultó en 3.7%; algunos otros de origen organofosforado manifestaron menores porcentajes de incidencia, sumando en total un 35.4%; y, por último, herbicidas como Paraquat y Glifosato, representaron un 19.9% y 8.6%, respectivamente.

A decir del investigador de la UdeG, esta situación está directamente relacionada con el manejo inadecuado de los agroquímicos, así como con la carente y desactualizada reglamentación jurídica que permite que estos productos nocivos para la salud se sigan produciendo, comercializando y distribuyendo, pese a que muchos de ellos de manera internacional están prohibidos o altamente regulados.

Un veneno que fluye en la sangre

La razón por la que los agroquímicos fluyen en la sangre de los agricultores que formaron parte de la población muestra para la investigación del también experto en genética humana, Joel Salazar, es una consecuencia directa de los prolongados periodos de exposición a los químicos y la falta de una regulación para saber cómo y de qué manera aplicar estos pesticidas y herbicidas para combatir las plagas y la maleza en los cultivos.

En San José de Las Moras, una de las comunidades analizadas, sin descartar que en otras también ocurra, han existido muertes cuyos homicidas fueron los agroquímicos.

En el artículo escrito por el investigador de la UdeG se precisa que:

“De acuerdo con la Oficina General de Epidemiología de la Secretaría de Salud de Jalisco, en la Región Ciénega hay un promedio de 76 intoxicaciones anuales debido a los pesticidas”.

Esto equivale a un envenenamientos cada cinco días. Los municipios con más intoxicaciones fueron: La Barca 162; Jocotepec 77; Ocotlán 50; Atotonilco el Alto 19; y Tototlán 18.

Los daños que pesticidas y herbicidas pueden causar en las personas con las que tienen relación, a veces aparecen de inmediato; otras veces aparecen varios años después a consecuencia de su acumulación de químicos en la sangre.

Conocer estas afectaciones a la salud de los campesinos fue uno de los principales objetivos del estudio, ya que a decir de Joel Salazar:

Los resultados exponen que sí hubo alteraciones en marcadores –como algunas moléculas presentes en el plasma de la sangre extraída–, los cuales sirven para identificar, a nivel laboratorio, la presencia de enfermedades como: cáncer, hipertensión, diabetes, insuficiencia renal, entre otras.

La cantidad de nitritos y nitratos –o lipoperóxidos- que son marcadores bioquímicos, también fueron analizadas. Dependiendo de la presencia y cantidad de estas sustancias en el plasma, será el nivel de oxidación que tendrán las membranas de las células que lo integran. A su vez, si las paredes celulares se oxidan mostrarán fluidez o debilidad, lo que va a generar desequilibrios en la salud.

Durante las prácticas laboratoriales se analizaron genes que pudieran estar relacionados con el metabolismo de los plaguicidas. Los genes conforman la secuencia de ADN que se encarga de codificar o producir ciertos tipos de sustancias como, por ejemplo, las proteínas que luego pueden transformarse y funcionar como enzimas cuya función será la degradación o eliminación de los plaguicidas que estén en la sangre.

Si el gen está normal o completamente funcional, podrá producir esa enzima y la enzima también va a ser normal y podrá degradar fácilmente el plaguicida, pero con un gen dañado; al no producirse la enzima correcta, no se pueden degradar dichos agroquímicos, lo cual genera que éstos se acumulen en la sangre provocando efectos severos en la salud; de ahí que una de las consecuencias se manifieste en el mal funcionamiento de los genes de quienes han estado expuestos a estas sustancias.

Si una persona tiene altos niveles de algún plaguicida en la sangre, éste puede generar radicales libres –moléculas de oxígeno pequeñas altamente reactivas– que el cuerpo trata de metabolizar o degradar, pero que muchas veces no puede hacerlo, generando en el ataque a la sustancia dañina más radicales libres de oxígeno juntos en un área. Esta presencia de muchas moléculas de oxígeno puede causar oxidación en estructuras como las células, proteínas, o el ADN mismo:

Las mutaciones de los genes en el ADN desequilibran luego el funcionamiento de las células, y después esas células, afectarán el desarrollo de sus hijas, y así sucesivamente hasta ir generando toda una masa de células que están mutadas; y esa masa de células es donde podrían formarse los tumores que más tarde podrían provocar cáncer en las personas afectadas.

¿Cómo entran los pesticidas al cuerpo?

El uso inadecuado y la exposición de manera masiva a pesticidas y herbicidas puede llegar a tener efectos muy graves en la salud de los agricultores que están frecuentemente en contacto con estos productos.

A través de la investigación realizada por Joel Salazar fue posible identificar que el mal uso de estos químicos se daba principalmente al momento de fumigar, ya que se observó que los productos se aplican inadecuadamente y sin el debido sistema de protección.

El desconocimiento y desinterés por parte de los agricultores de las consecuencias de una mala ejecución a la hora de aplicar estos pesticidas es preocupante en la Región Ciénega.

Según Salazar Flores, al realizar las entrevistas a los agricultores, muchos de ellos admitían que hay un mejor cuidado y atención a los trabajadores agrícolas en otros países –como Estados Unidos– donde el principal requisito para trabajar en el campo es usar el sistema de protección, el cual se compone de:

guantes, delantales, botas, equipo protector para la cabeza (sombrero impermeable de cuello ancho que protege cuello, ojos, cara y boca), protector para los ojos (gafas con rejillas de ventilación), respiradores y máscaras.

Sin embargo, cuando los campesinos trabajan en campos mexicanos no se protegen. Algunos, incluso, consideran que desprenderse de la ropa que utilizan después de la jornada laboral y ducharse es suficiente para que estos pesticidas no causen ningún daño en su salud.

Tanto los encargados de los sembradíos, como los trabajadores, pasan por alto estos detalles y deciden no invertir su dinero en comprar los artefactos adecuados para mayor seguridad.

Las indicaciones en los frascos de estos productos son concisas y están enmarcadas en la NORMA Oficial Mexicana NOM-232-SSA1-2009, que establece los requisitos del envase, embalaje y etiquetado de productos grado técnico y para uso agrícola, forestal, pecuario, jardinería, urbano, industrial y doméstico.

El mismo documento se menciona en el apartado PRECAUCIONES Y ADVERTENCIAS DE USO, cómo debe trabajarse con estos productos antes y después de usarlos.

Señalando las siguientes advertencias:

“No coma, beba o fume cuando esté utilizando este producto”
“No se transporte ni almacene junto a productos alimenticios, ropa o forrajes”
“Manténgase fuera del alcance de los niños, mujeres embarazadas, en lactancia y animales domésticos”
“Lávese las manos después de utilizar el producto y antes de consumir alimentos”
“No almacene en casas habitación”
“No use el producto sin el equipo de protección adecuado”
“Los menores de 18 años no deben manejar este producto”
“Al final de la jornada de trabajo báñese y póngase ropa limpia”
“No se ingiera, inhale y evítese el contacto con los ojos y piel”

En el documento Prevención de los riesgos para la salud derivados del uso de plaguicidas en la agricultura, publicado por la Organización Mundial de la Salud en 2004, se menciona que la principal fuente de acceso al cuerpo humano es a través de la piel, pero también mediante la boca y la nariz.

Las personas que trabajan directamente con los plaguicidas tienen un tipo de exposición aguda, término que según el doctor Joel Salazar, se refiere el contacto directo con la sustancia. Asimismo, estas personas son las primeras en presentar una sintomatología y si no la presentan al corto plazo, se desarrolla con el paso del tiempo.

Evidentemente, los agricultores no son los únicos afectados, al ser comunidades pequeñas donde la principal fuente de ingreso económico es la agricultura, los espacios entre los cultivos y los hogares de la localidad son muy cortos por lo que es probable que la mayor parte de la población esté expuesta.

Otro tipo de contaminación es la crónica, la cual se da por consumir alimentos tratados con agroquímicos, y al igual que la aguda, con el paso del tiempo, puede desencadenar alguna enfermedad como el cáncer.

Según el artículo Efectos de los plaguicidas sobre el ambiente y la salud, publicado por la Revista Cubana Hig Epidemiol, la toxicidad de los plaguicidas se puede expresar en cuatro formas:

Toxicidad oral aguda: se refiere a la ingestión de un plaguicida, que causa efectos tóxicos inmediatos en un ser vivo. El riesgo de ingerir la sustancia, puede ser por accidente, ignorancia o intento de suicidio.
Toxicidad dérmica: contacto y absorción del plaguicida por la piel. Es menos evidente, y la dosis letal es superior a la oral. Es por eso que presenta mayor riesgo para el manipulador directo de estos químicos.
Toxicidad por inhalación: se manifiesta al respirar una atmósfera contaminada por los plaguicidas. Un ejemplo puede ser la aerofumigación, con la cual, las sustancias se esparcen por el aire hasta llegar a las vías respiratorias.
Toxicidad crónica: es el consumo de alimentos tratados con dosis variadas del producto tóxico: “Las alteraciones más importantes a considerar son: problemas reproductivos, cáncer, trastornos del sistema neurológico, efectos sobre el sistema inmunológico, alteraciones del sistema endocrino y suicidio”, se lee en el documento.

Situación legal de los agroquímicos

El hecho de que sustancias como las mencionadas en apartados anteriores tengan acceso al torrente sanguíneo y puedan generar problemas a la salud, entre ellos cáncer, ya fue discutido y normado jurídicamente en otros puntos del planeta; no obstante, en México no ha pasado lo mismo.

“Estamos hablando de plaguicidas del tipo de los que se aplican en el cultivo de maíz, porque éstos, a nivel mundial, o si no a nivel mundial, en muchos países, ya han sido restringidos o están prohibidos y que en México se siguen utilizando (…) La Región Ciénega de Jalisco es caracterizada por la falta de regulación en la venta y aplicación de los pesticidas”, se lee en la introducción del artículo escrito por Joel Salazar Flores.

Tal es el caso del Paration, uno de los pesticidas de más uso en la Región Ciénega y que está incluido en el Anexo III de sustancias prohibidas o severamente restringidas por el Convenio de Rótterdam, y que a pesar de ello, se utilizada de manera constante.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (US EPA, por sus siglas en inglés), otorgó a este químico la Clasificación C por ser un agente carcinógeno humano. Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud, a través de la recomendación para la clasificación de pesticidas emitida en 2009, colocó al Paration dentro de la categoría 1A: Extremadamente Peligroso.

Situaciones similares ocurren, por ejemplo, con el Carbofuran –Furadan– y otros pesticidas usados en la Región Ciénega, los cuales en otras partes del mundo, a través de diversos tratados internacionales, se ha regulado y restringido su uso, pero que en México siguen siendo vendidos sin control.

Efectivamente, una de las aristas que componen la problemática de la relación entre enfermedades y agroquímicos, es la carencia de normatividad jurídica que existe en el país sobre la distribución y aplicación de estos productos a comparación de lo que se hace en otros lugares del mundo.

El contexto legislativo actual, revela que existe una desactualización de la normativa jurídica, y que no hay un cumplimiento apropiado en la forma de distribución y aplicación de pesticidas y herbicidas.

Por este descuido del Estado Mexicano, en materia de Plaguicidas Altamente Peligrosos (PAP), la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), emitió la Recomendación No. 82/2018: “Sobre la violación a los derechos humanos, a la alimentación, al agua salubre, a un medio ambiente sano y a la salud, por el incumplimiento a la obligación general de debida diligencia para restringir el uso de plaguicidas de alta peligrosidad, en agravio de la población en general”.

La misma documentación, menciona que:

“en México existen registros de plaguicidas vigentes que contienen sustancias activas prohibidas en tratados internacionales debidamente ratificados por el Estado Mexicano, y sustancias que ya han sido prohibidas en otros países, lo que vulnera el principio precautorio que rige la materia ambiental”.

De los 35 plaguicidas restringidos por el Convenio de Rótterdam, México prohíbe la importación de 20 de ellos y permite el intercambio con sujeción a determinadas condiciones para diez y respecto de los cinco restantes no se ha pronunciado (Ver tabla 1 en páginas 42, 43 y 44).

Por su parte, de los 17 pesticidas incluidos dentro del Convenio de Estocolmo, el Estado Mexicano sólo se ha adherido a las condiciones del tratado para ocho de ellos, los nueve restantes, siguen circulando sin problema (Ver tabla 2 en páginas 45 y 46).

Sinuhé Arroyo García, distribuidor de productos agrícolas en la comunidad de San José de Las Moras expresó en entrevista que la empresa para la que trabaja –Pioneer– nunca ha recibido prohibiciones o advertencias por parte de alguna ley estatal o federal.

Una de las medidas que tomó internamente la empresa, fue dejar de vender un producto llamado Malatión que es de una toxicidad elevada y no recomendado para aplicación por personas. Pero, a pesar del acuerdo empresarial, si un productor agrícola lo requiere, los distribuidores se lo pueden conseguir.

Joel Salazar explicó que hay una norma sobre los límites o las cantidades permitidas de algunos plaguicidas de tipo organoclorados que en la actualidad se han dejado de usar.

“Ya no se usan o ya tienen alrededor de unas dos décadas que ya se dejaron de usar y actualmente se usan los organofosforados, entonces la norma no está actualizada [para regular a los más nuevos]”.

En resumen, se combina la legislación precaria en materia de pesticidas, la falta de precaución por parte de la industria agroquímica y los campesinos para la generación de una problemática como la descrita en este reportaje.

AGROQUÍMICOS USADOS EN LA REGIÓN CIÉNEGA

¿Qué se hizo en el laboratorio?

Como ya se mencionó anteriormente, se tomó una muestra de sangre de 113 personas, de siete comunidades agrícolas, de la Región Ciénega. Sus edades fueron de los 22 a los 72 años de edad, y en promedio, dichos participantes estuvieron expuestos 35.3 años a los agroquímicos. Dicho grupo, incluyó 93 sujetos no expuestos a pesticidas residentes de la misma área geográfica.

El muestreo se realizó entre 2017 y 2018 en los meses de cultivo de maíz –período en el que se encuentran mayormente expuestos los agricultores–.

Procesamiento de las muestras

A cada uno de los participantes se le tomaron diez mililitros (ml) de sangre por punción venosa en dos recipientes de cinco ml cada uno. En uno de ellos, se vertió 0,1% de ácido etilendiaminotetraacético (EDTA) –sustancia química que se adhiere a los iones de metales como el calcio, magnesio, plomo y hierro–, y que en medicina se usa para prevenir los coágulos de sangre y para extraer el calcio y el plomo del cuerpo. A la muestra restante, no se le añadió ninguna otra sustancia.

Cada muestra fue sometida a una centrifugación –método por el cual se pueden separar sólidos de líquidos de diferente densidad por medio de una fuerza giratoria– de 310 gravedades durante 15 minutos a cuatro grados centígrados.

Uso de los principales pesticidas y tiempo de exposición laboral.

El grupo que estuvo expuesto a los agroquímicos se dividió en cuatro subgrupos, según los años de manipulación de estas sustancias. Véase la siguiente tabla:

Así se confirmó que en los cuatro subgrupos prevalece un alto uso de plaguicidas e insecticidas, por lo tanto, existe alta exposición al carbofurano, terbufos, glicina y paraquat:

Aunque se utilizan otros pesticidas como los fenilpirazoles, los más utilizados son los organofosforados (OP´S) y los carbamatos.

Marcadores de estrés oxidativo por subgrupo de exposición ocupacional

Para averiguar si hay relación entre el tiempo de uso de pesticidas y el estrés oxidativo –reducción del potencial y salubridad celular–, los valores promedio resultantes del grupo no expuesto, se compararon con los cuatro subgrupos de exposición (A, B, C, D). En todos los casos, el grupo no expuesto mostró menores los valores de estrés oxidativo que los cuatro subgrupos.

En la investigación del doctor Joel Salazar no se mostraron los datos cuantitativos específicos de esta comparación de ambos grupos (expuestos y no expuestos), pero sí se expuso la relación entre ellos.

¿Existen otras alternativas?

El Salazar Flores mencionó que sí existen otras alternativas para atacar las plagas en los cultivos y minimizar el riesgo de padecer enfermedades. Un ejemplo son los plaguicidas de tipo biológico como algunas bacterias, virus o, incluso, algunos hongos que tienen la capacidad de atacar plagas que afectan cultivos como el maíz y el agave.

La incorporación de control biológico es una medida que respeta al medio ambiente, debido a que no se emplean insecticidas, lo que da más seguridad, ya que esas sustancias son tóxicas para los microorganismos y no para los humanos.

En la revista InfoAgro, se mencionan algunas ventajas del control biológico. El uso de éste, impide las poblaciones de parásitos en las plantaciones agrícolas y por consiguiente la pérdida de altos niveles de producción.

Los productos de tipo biológico ya vienen ajustados al tipo de parásito y llegan a matar una amplia gama de plagas y no producen daño a los insectos benignos.

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Reportaje elaborado por estudiantes de la Licenciatura en Periodismo del Centro Universitario de la Ciénega de la Universidad de Guadalajara.



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